LA
VANGUARDIA
9/25/05
"Israel configua su propio futuro"
Kenneth
W. Stein
Por encima de cualquier otra consideración, la desvinculación material de Israel respecto de la franja de Gaza tuvo su origen en una decisión basada en un consenso destinado a proteger los intereses nacionales del país. Aun cuando merced a tal retirada Israel desecha efectivamente y como puede comprobarse la posibilidad de mantener su mando y presencia operativa entre el millón y medio de palestinos de este territorio, al objeto de salvaguardar su propósito de seguir siendo un Estado de mayoría judía, tal retirada no ha solucionado la larga contienda de naturaleza demográfica que Israel ha librado con los palestinos ni ha modificado esencialmente la ideología y la mentalidad de aquellos palestinos aún deseosos de levantar acta de la defunción de Israel. Ha demostrado, en cambio, que Israel sigue siendo dueño de su propio futuro. A falta de un socio en condiciones cabales de negociar, Israel ha puesto empeño en llevar a término una iniciativa de naturaleza unilateral preñada de numerosas implicaciones políticas tanto en el plano interno como en el regional e internacional.
Al evacuar a 9.000 colonos de 21 asentamientos, Israel ha vuelto a demostrar - como así ha hecho reiteradamente desde junio de 1967- que ejecutará su voluntad y dará cumplimiento a sus objetivos valiéndose de su decisión, valentía y recursos para configurar en todo momento su propio destino.
Construirá y articulará por así decirlo una realidad de hecho sin pedir permiso a otros. Y así se conducirá respecto a otras instancias antes de que pretenda imponérsele cualquier otra iniciativa, cualquiera que ésta sea. La retirada de Israel ha demostrado que siempre que el país alcanza un consenso nacional sobre una cuestión - aun aquellas susceptibles de dar cuenta de hondas discrepancias internas- muestra un proceder realmente independiente.
Para satisfacción de unos y consternación de otros, la acción preventiva de Israel ha mostrado fehacientemente el cumplimiento del primigenio objetivo del Estado judío: asumir en sus manos el destino judío, emplear adecuadamente la fuerza y las energías de que dispone y no dejar el futuro de Israel en manos de otros, ya actúen con intereses a corto o largo plazo.
No obstante, pese a lo antedicho, la retirada israelí de Gaza ha venido a demostrar que la mentalidad y la filosofía sionista contienen dos ingredientes - la emigración a Israel y el asentamiento en la entera tierra de Israel según la promesa divina- que ya no cuentan con el respaldo ideológico o numérico de los judíos de todo el mundo como en decenios anteriores. En cierto sentido, la retirada israelí de Gaza ha demostrado la fortaleza y el vigor de Israel, pero también ha puesto de manifiesto su considerable incapacidad para controlar la totalidad de la tierra prometida...El judaísmo mundial aún respalda intensamente a Israel, pero no lo suficiente como para trasladarse allí en número y cantidad importante y significativa.
No es la primera vez que los sionistas o Israel han reflexionado de común acuerdo o han actuado de conformidad para adoptar decisiones concretas a fin de proteger a Estado judío o a sus ciudadanos. En 1937, el destacado líder sionista Chaim Weizman reaccionó con sentido práctico ante la propuesta británica de separar a árabes y judíos en Palestina en el marco de la iniciativa de partición de Palestina en los estados árabe y judío. Consciente de que no toda la tierra de Israel iría a parar a manos judías, declaró en 1937: "No nos equivoquemos a propósito de una cuestión: toda forma de partición implica un sacrificio muy real y verdadero para cada judío; si se nos pide algún tipo de sacrificio--sea cual sea-, tal cosa sólo cabrá si en su cumplimiento nos hallamos en condiciones de salvar la realización de nuestra idea esencial".
El primer ministro israelí, Ariel Sharon, y la sociedad israelí llegaron a idéntica conclusión al retirarse de la franja de Gaza el pasado mes de agosto.
En junio de 1967, rodeado por un mundo árabe vehementemente hostil, Israel lanzó un ataque preventivo contra sus vecinos árabes. En el periodo de los cuarenta años transcurridos desde entonces, Israel ha unificado Jerusalén de forma unilateral e iniciado un vasto proceso de colonización mediante asentamientos de forma unilateral; ha considerado oportuno y sensato (desde un punto de vista militar) intercambiar territorios por paz con Egipto cediendo la conquistada península del Sinaí, renunciar asimismo unilateralmente a los asentamientos existentes en el propio Sinaí, atacar un reactor nuclear iraquí para ganar tiempo frente a un temible enemigo, avenirse a compartir Cisjordania con su declarado enemigo - la OLP- según los acuerdos de Oslo de 1993 y retirarse unilateralmente de Líbano en el 2001 para proteger vidas israelíes.
He aquí pues que, en esencia, se ha repetido el proceso: al alcanzar la decisión de retirarse de la franja de Gaza, los israelíes han vuelto a proceder de acuerdo y conformidad consigo mismos. La desvinculación israelí de Gaza entraña el hecho de que Israel ha adoptado la decisión de no aguardar indefinidamente a que se articule por fin una comunidad palestina que por cierto sigue sumida en permanente confusión y desasosiego. El Gobierno israelí procede de forma unilateral dado que hasta la fecha no ha madurado de hecho un consenso árabe-palestino destinado a poner término de una vez por todas y de modo definitivo al conflicto con Israel, que se ha cansado de esperar a que los palestinos pusieran orden en su propia casa. Lo cierto es que Israel, consciente y sabedor de que median fosos casi infranqueables respecto de los palestinos en cuestiones como las de compartir Jerusalén, el futuro de los asentamientos que quedan aún en Cisjordania y la persistente insistencia palestina sobre el derecho de retorno a genuino suelo israelí, ha actuado. Ha marcado su propio ritmo. La desvinculación israelí de Gaza, al igual que la negativa israelí a hablar sobre el retorno palestino, y su alzado unilateral de una barrera/ valla a lo largo de su frontera con los palestinos persiguen en su mismo núcleo el objetivo de la salvaguarda y protección de la identidad judía de Israel. La desvinculación de Gaza lleva asimismo inscrita bien visible en su frente la cuestión demográfica...
En el escenario post-Arafat, el autocrático factor aglutinante que cohesionaba una sociedad altamente fragmentada como la palestina ha desaparecido. Israelíes y otros ciudadanos de Oriente Medio no se sienten seguros ante la posibilidad de que Hamás aspire o ingiera, por así decir, la ANP dirigida por Mahmud Abbas, o viceversa, aunque probablemente no suceda ninguna de estas posibilidades: ambas entidades o fuerzas seguirán siendo relativamente fuertes y procederán a compromisos recíprocos con tal de evitar la más temida de todas las realidades en el ámbito palestino: una guerra civil. Está previsto, de momento, que los palestinos celebren elecciones parlamentarias en enero del 2006. Entre tanto y con posterioridad a esta fecha, resulta más que probable que fluyan miles de millones de dólares hacia la franja de Gaza para remediar las lastimosas condiciones de vida de la población palestina. Sin embargo, la aportación de fondos a gran escala no generará por sí sola un reconocimiento ideológico palestino de Israel. El dinero puede, si se quiere, ayudar a restar virulencia a los sentimientos de hostilidad y animadversión y a facilitar la existencia cotidiana, pero en lo concerniente a una parte numerosa de la población palestina no acabará con su total rechazo de Israel. Para que exista y prospere un acuerdo auténticamente negociado con Israel, los palestinos habrán de llegar a la conclusión de que sólo es posible una solución basada en la existencia de dos estados.
Tras la retirada de Gaza y su intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el primer ministro israelí, Ariel Sharon, ha recibido los elogios de países que durante años han criticado duramente a Israel por dominar o regir la suerte de los palestinos. En consecuencia, conviene preguntarse igualmente: ¿cuándo un presidente palestino será asimismo elogiado en el foro de las Naciones Unidas por renunciar al derecho de retorno,aceptar sin reservas una solución basada en la existencia de dos Estados y desterrar la lucha armada contra Israel de una vez por todas y de modo definitivo?
¿Cómo actuarán ahora los países europeos y la UE tras la retirada de Gaza? Talento y recursos afluirán a Gaza para socorrer al pueblo palestino. Sin embargo, ¿condenarán estos mismos países - algunos de los cuales han condenado vehementemente el terrorismo, el fascismo y la incitación a la violencia en su propio suelo (caso de Batasuna en España en el 2002, de Unité Radicale en Francia en el mismo 2002 y del Bloque Flamenco en Bélgica en el 2004, entre muchos otros)- la participación de Hamas en las próximas elecciones palestinas? Hamas no esconde su actitud partidaria de la destrucción de Israel. ¿Enviará la Unión Europea a estas elecciones de enero del 2006 observadores susceptibles de sancionar la legitimidad de Hamas por la vía del voto? ¿Mostrarán los países europeos y la UE una actitud permisiva y tolerante hacia Hamas con el argumento de que se trata de una organización social que ayuda y socorre a la población necesitada? ¿Y qué situación se creará si la ANP empieza a reemplazar a Hamas en su papel de organismo tan extremadamente necesario para proceder a la recuperación social y económica de la población palestina? ¿Cooperará la Unión Europea a tal fin?
Israel, al menos por ahora, se ha desvinculado asimismo de la posibilidad de constituir el punto de mira esencial de la cólera árabe y de la intranquilidad e inquietud europea. Israel no puede controlar la senda por la que avanzarán los países de la Unión Europea; tan sólo se halla en condiciones de controlar cuanto se halla en su mano y corresponde a sus intereses. Por esta razón, Israel se ha desvinculado de Gaza de forma unilateral dejando que los palestinos, el mundo árabe y la comunidad internacional ejerzan su correspondiente influencia y modelen la próxima fase de las opciones políticas palestinas.
KENNETH W. STEIN, profesor de Historia de Oriente Medio y de Ciencia Política de la Universidad de Emory, Atlanta (Estados Unidos)
Traducción: José María Puig de la Bellacasa