LA VANGUARDIA 01/04/04 "En estado de coma" By Kenneth W. Stein LA COMUNIDAD palestina ha de decidir si quiere separarse de los israelíes y edificar su Estado o prefiere liberar todo el suelo palestino LA ELITE PALESTINA DE Gaza, que presenció el flujo de refugiados de 1948, actuó en perjuicio de la mayoría de los fundadores de Hamas Un verdadero cúmulo de consecuencias pueden derivarse del asesinato del líder de Hamas, el jeque Ahmed Yassin, por parte de Israel. Conciernen al futuro de Hamas, al próximo estallido de violencia en las relaciones entre Israel y Palestina y al ritmo de la proyectada retirada de Israel de la franja de Gaza y Cisjordania. Cuando quiera que surja un Estado palestino, se reconsiderará indefectiblemente el asesinato de Yassin como un factor de gran peso e influencia, si no crítico y decisivo. A ojos de muchos palestinos y otros árabes, Yassin era la encarnación de la lucha armada contra Israel. Su muerte, que priva a Hamas de un líder carismático, no excluye que su organización adopte un carácter fragmentario. Además, con la figura de un Arafat confinado aún en Ramallah por los israelíes –un Arafat que es objeto de acerbas críticas por su maneras corruptas y autocráticas– la comunidad palestina se esfuerza en la medida de sus fuerzas por alcanzar una más clara definición de su identidad, por su propia viabilidad, orientación y liderazgo en el futuro. A ojos de los israelíes, Yassin tiene las manos manchadas de sangre y es responsable del asesinato de cientos de mujeres, hombres y niños israelíes además de ciudadanos extranjeros. Los israelíes, al cabo de casi cuatro años de atentados suicidas, han llegado a la conclusión de que han de separarse de sus vecinos palestinos. En un sentido más amplio, Israel se ha comprometido a proteger su población por todos los medios. A quienes perpetran la muerte de judíos e israelíes se les puede pedir cuentas y responsabilizar de tales asesinatos. En Israel, salvo en caso de crímenes contra la población judía, no se contempla la pena de muerte. En el caso de Yassin, la sociedad israelí no es contraria a su asesinato. La propia creación del Estado de Israel en 1948 se proponía el objetivo de proteger a los judíos de la violencia y las amenazas de modo que constituyera un refugio seguro para los judíos sometidos a todo tipo de riesgos y dificultades. En el acto de matar a Yassin se ha visto confirmada una razón de ser de la propia creación del Estado de Israel. En unión del anuncio del primer ministro israelí de la retirada de Gaza, el asesinato de Yassin ha constituido toda una manifestación de la presteza y disposición de Israel al empleo renovado de la fuerza para responder al terrorismo que pueda surgir en el futuro. Yassin consagró toda su vida activa al fin de la total destrucción de Israel. El deber de librar la yihad contra Israel y de matar judíos se halla inscrito en el núcleo mismo de las creencias y actos de Hamas y de Yassin. Hamas considera que el mismo ser y existencia de Israel son ilegítimos; considera que los judíos ocupan tierra musulmana de modo que es menester emplear la lucha armada para liberar esta tierra. El objetivo de Hamas es el establecimiento de un Estado palestino no laico en toda Palestina, no sólo en las tierras que Israel conquistó en la guerra de junio de 1967. Yassin consideraba a la totalidad de Israel –no sólo a Cisjordania, la franja de Gazas y Jerusalén– como territorio ocupado. En consecuencia y según esta persectiva, cualquier líder político –occidental, árabe, musulmán o lo que fuera– que negocia, llega a acuerdos o habla con Israel es el enemigo. En 1997, Al Rantisi declaró en una entrevista publicada en un periódico de Beirut que el Islam no permite apoyar el proceso negociador de Oslo (factor asimismo incluyente de la “hoja de ruta”) por la razón de que “afloja la presión hasta abandonar a Palestina” en manos judías. Un cese el fuego de Hamas, ya sea con respecto a la OLP o Israel, es una iniciativa táctica y se limita únicamente a darse u ofrecer un “respiro” para dar tiempo a la organización a reagrupar y recobrar sus energías a fin de reanudar sus ataques contra Israel. Y Hamas intentará evitar a todo trance una guerra civil entre su organización y otros activistas palestinos. En el seno de Hamas, Yassin fue el líder de quien dependía la decisión definitiva, quien dirigía la mayoría de cuestiones tácticas y estratégicas, equilibrando en todo momento las tendencias y fuerzas externas e internas, políticas y militares, más y menos radicales en el seno de la organización. Yassin, y su proclamado sucesor Abd Al Aziz Al Rantisi –así como otros miembros de la cúpula dirigente de Hamas– comparten un mismo odio por Israel. La muerte de Yassin es pródiga en consecuencias. En primer lugar, Hamas ha perdido al dirigente más carismático de su empresa, que acomodaba su forma de proceder al ritmo más conveniente para su organización. Yassin se armaba de paciencia y perseverancia en su tarea de desestabilizar a Israel. No obstante, los responsables políticos de Israel ya no podían consentir ni soportar por más tiempo una guerra de desgaste, dilatada y de baja intensidad ni tampoco las muertes y lesiones de un millar de personas cada año. Israel no necesitaba atacar a Hamas para provocar una respuesta: incluso sin mediar un acto de represalia de Hamas contra el asesinato de Yassin, puede ser perfectamente que Israel ya haya decidido que el resto de Hamas debe desaparecer. En segundo lugar, Yassin fue el único líder palestino contemporáneo capaz de aglutinar las aspiraciones nacionales en torno al islam,afianzándolas y dándoles una base común capaz de movilizar a las masas. Con su desaparición, la islamización del nacionalismo árabe palestino –al menos por el momento– aminorará su presión e influencia hasta que surjan otros líderes religiosos que sigan el llamamiento islámico de Yassin. En estas circunstancias, brota la pregunta siguiente: ¿cómo se relacionarán estos líderes religiosos con los líderes laicos radicales que parecen destinados a guiar a Hamas en un inmediato futuro? Ni antes Yassin ni actualmente Al Rantisi proceden de familias con tradición familiar. Yassin no tenía formación teológica; debía su título de “jeque” –figura investida de autoridad moral y espiritual– a su devoción al islam, no a ninguna formación como tal. Su aptitud dirigente brotaba de su elocuencia y de la confianza que inspiraba como guía y maestro. Yassin y otros miembros fundadores de Hamas, incluido Al Rantisi, nacieron antes de la creación de Israel en 1948. Eran hijos de familias pobres que dejaron sus casas para asentarse en la franja de Gaza; recibieron una formación de tipo y ámbito profesional (en los sectores de la ciencia, la medicina y la enseñanza) en Egipto en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Suele considerarse que la elite palestina atrincherada durante largo tiempo en la franja de Gaza –que fue testigo del flujo de refugiados de 1948 y que menospreciaba a población de clase inferior– actuó en perjuicio de la mayoría de los fundadores de Hamas: mucho líderes de esta organización que vivían en Gaza durante el periodo de presencia israelí, desde 1967, consideran que Arafat y sus compinches que combatieron contra Israel desde el distante Túnez se hallan menos legitimados para gobernar. A diferencia de otras fases de la historia del movimiento nacional palestino, el apoyo de los países árabes a los palestinos es en el momento actual el menos eficaz y el más desorganizado. En los cálculos de Israel entraba matar a Yassin. Por añadidura, los dirigentes israelíes deben haber estimado que habrá actos de represalia que, aunque puedan no ser inmediatos, obedecerán al propósito de venganza. En caso de que Arafat fuera asesinado o muriera y de que cayeran otros líderes de Hamas, la comunidad palestina debería aún tener que acordar la composición de su liderazgo político en el sentido de manifestar si quiere separarse de los israelíes y edificar un Estado aparte de forma independiente o prefiere cumplir el objetivo de Hamas de liberar toda Palestina. Da la impresión de que el proceso negociador entre israelíes y palestinos se halla en estado de coma. KENNETH W. STEIN,
profesor de Historia de Oriente Medio y de Ciencia Política
de la Universidad de Emory, Atlanta (EE.UU.) |