LA VANGUARDIA 15/10/2002 "Carter, hombre de diálogo" KENNETH W. STEIN SU DISCURSO franco inquietó, si no irritó, a sus sucesores en la presidencia de Estados Unidos Inexplicablemente, en 1978 el premio Nobel hizo una finta y eludió a Jimmy Carter. Ese año, el primer ministro israelí Menahem Begin y el presidente egipcio Anuar El Sadat -dos de los tres participantes en los acuerdos de Camp David- fueron distinguidos con el premio. Pocas personas sabían entonces, incluso los miembros del Comité Nobel, que Begin y Sadat sólo se habían reunido tres veces durante los quince días que estuvieron recluidos en el refugio presidencial. Quien hizo las funciones de catalizador del acuerdo fue Carter; llevó del brazo a Begin y a Sadat adonde no estaban dispuestos a ir: un acuerdo sobre fórmulas posibles concernientes al autogobierno palestino y un marco relativo a un tratado egipcio-israelí. El drama internacional de la reunión entre Begin y Sadat que se desplegaba ante los ojos del mundo eclipsó la mayor parte de la atención que convenía prestar al papel esencial que tuvo Carter: su perspicaz inteligencia de la situación, su tenaz resolución, su atención a los detalles, sus cualidades de escritura, su capacidad de dar con compromisos matizados y acto seguido colocárselos a esos nacionalistas de cabello canoso. Aunque el pueblo norteamericano dio por finalizado su mandato en 1981, a la edad de 56 años, Carter no estaba acabado para continuar con su tarea esforzada e ilusionada de hacer uso de la negociación y la intervención personal para encontrar soluciones a problemas de difícil resolución. En tanto que expresidente, tuvo otros ofrecimientos: convertirse en presidente de universidad, consejero de administración de una empresa o conferenciante culto y acomodado para después de una cena de gala. Carter no es de esta clase. En un encuentro con el presidente de la Universidad de Emory, Jim Laney, de decidió por la creación del Centro Carter en Atlanta. Esta institución progresó desde sus inicios para convertirse en el fórum realmente singular desde el cual Carter podía hablar claro sobre las cuestiones propias de una agenda política "inacabada": derechos humanos, control de armamento, paz en Oriente Medio, democracia en las Américas, erradicación de enfermedades y otras cuestiones Traducción: J. M. Puig de la Bellacasa candentes que aquejan a la condición humana. Carter usó este centro para lanzar concienciados toques de atención sobre lugares turbulentos del mundo: Haití, Sudán Corea del Norte, Nicaragua y otros. El centro, dotado de su activo papel, se convirtió en un imán para políticos, expertos académicos y diplomáticos no sólo para debatir cuestiones de política exterior, sino para ofrecer maneras de afrontarlas. El centro, como el propio Carter, se orientaba a la acción. Carter dió pruebas de la veracidad de aquella declaración de Ralph Waldo Emerson que dice que "una institución es la sombra alargada de un hombre". Varios de quienes cooperamos con él para configurar la dimensión de las preocupaciones materiales y conceptuales del Centro Carter lo ignorábamos entonces: el Centro fue también el instrumento que le ayudó a resurgir de la desmoralizadora derrota que cosechó en las elecciones presidenciales. A Carter, como presidente y ex presidente, no le asustaba hablar con franqueza. Al proceder de esta forma, se enfangaba con frecuencia en las aguas de la política y la diplomacia. Podría pensarse: ¿cómo era posible que un político que fue elegido gobernador y presidente fuera tan ingenuo? En su periodo posterior a la presidencia su discurso franco inquietó, si no irritó, a sus sucesores en la Casa Blanca. En 1982 me persuadió para que trabajara para él cuando yo enseñaba en la universidad de Emory. Cuando me pidió que presidiera la junta de gobierno del Centro Carter, no me preguntó sobre mis puntos de vista políticos; sabía que yo compartía su pasión por Oriente Medio y su voluntad de acabar, o al menos reducir, el conflicto árabe-israelí a una dimensión menos virulenta. Trabajar para él es fácil. Además es poseedor de una inteligencia que retiene enormes cantidades de información y es capaz de recordar las cosas instantáneamente y en el momento oportuno. ¿Cuántas veces habré visto visitantes procedentes de Oriente Medio que salían de una reunión moviendo la cabeza admirados de la profundidad de sus conocimientos sobre una cuestión? Hemos discrepado, a veces co intensidad, pero cuando se respeta profundamente a una persona y se es respetado por ella, es posible disentir. Y, al reanudarse la conversación, uno se centra de nuevo en los propósitos generales del diálogo y se encamina a ellos con toda determinación. Los desacuerdos nunca se han cruzado en el camino de nuestra pasión compartida. En los años ochenta, Carter siguió hablando con claridad acerca de la necesidad de proseguir las negociaciones sobre Oriente Medio. Se desarrollaron sin que él estuviera implicado directamente pero, ¿qué fueron los Acuerdos de Oslo sino un pormenorizado esfuerzo para dejar que los palestinos se autogobernaran? ¿Qué fueron si no una explicación pormenorizada de los acuerdos de Camp David redactados quince años antes? ¡Cuántos palestinos nos han dicho a lo largo de los años que dejaron escapar la gran oportunidad de aceptar los acuerdos de Camp David en 1978, que hubieran podido tener un Estado palestino en 1983! Jimmy Carter, el presidente número 39.º de Estados Unidos, ha establecido el nivel de excelencia en el servicio público con respecto a anteriores presidencias estadounidenses, Será difícil, si no imposible, que se alcance su nivel de compromiso y sus logros en el fomento de lo provechoso y positivo. Y lo ha hecho sin sones de trompeta, a la vieja usanza: se lo ha ganado. A quienes hemos trabajado con él en el Centro Carter a lo largo de los años, nos embarga un estremecimiento de orgullo y gratitud que sumamos al reconocimiento de su tarea y recepción del premio Nobel de la Paz. KENNETH W. STEIN, en 1982, cuando era profesor de Historia de Oriente Medio en la Universidad de Emory en Atlanta, Georgia, Kenneth W. Stein conoció a Jimmy Carter, de cuyo centro fue nombrado miembro de la junta de gobierno para asuntos de Oriente Medio, cargo que ha ejercido hasta hoy. De 1983 a 1986, Stein fue primer director ejecutivo del centro. En 1985, colaboró con Carter en el libro "La sangre de Abraham". Sigue como consejero de Carter sobre cuestiones relativas a Oriente Medio |