LA VANGUARDIA October 4, 2004 "Kerry y Bush, cara a cara" AMBOS AFIRMARON QUE no abandonarían Iraq hasta dar fin a la tarea, y que un éxito en Iraq protegerá los intereses de EE.UU. en Oriente Medio Cualquier espectador que haya seguido el primer debate presidencial centrado en la política exterior norteamericana ha contado con una oportunidad extraordinaria para constatar las diferencias de fondo y de forma en las intervenciones del senador Kerry y el presidente Bush. Las cuestiones abordadas incluyeron Irán, Corea, la proliferación nuclear, la guerra contra el terrorismo, la posición de Estados Unidos en Iraq, el control de las armas de destrucción masiva y Darfur, sin que el debate hiciera referencia a Latinoamérica o al proceso negociador en Oriente Medio. Es posible que el tema de la independencia energética -el acceso al petróleo a un precio razonable- se trate en alguno de los dos debates que restan relativos a las cuestiones internas del país. Los candidatos coincidieron en afirmar que no abandonarían Iraq hasta dar fin a la tarea; afirmaron ambos igualmente que un éxito en Iraq protegerá nuestros otros intereses en Oriente Medio y sostuvieron a la par que la mayor amenaza para Estados Unidos reside en la proliferación nuclear. Ambos candidatos expusieron las razones por las que, a su juicio, su liderazgo respectivo haría de Estados Unidos un país más seguro. Ambos subrayaron enérgicamente por qué el liderazgo de su oponente en la carrera a la presidencia no equivale a ninguna garantía para gobernar el país. Ninguno de los dos candidatos cometió un error grave ni incurrió en afirmaciones equivocadas. Tampoco hubo un claro vencedor a expensas del contrincante. Un mes antes de las elecciones y a unos cinco puntos por detrás de su adversario en la mayoría de las encuestas previas a las elecciones, Kerry se distinguió como un candidato digno de crédito.Aojos de los electores indecisos, Kerry demostró hallarse en posesión de un perspicaz dominio de los asuntos internacionales. A ojos de los partidarios de Bush, éste trató de corroborar su punto de vista en el sentido de que se trata de una persona resulta y decidida, perseverante y tenaz. Persona, en suma, que proseguirá hasta el final la ardua tarea iniciada, indispensable para ganar la guerra contra el terrorismo. A lo largo del debate, Bush trató de argumentar reiteradamente que Kerry no es la persona idónea para gobernar este país. Bush no cejó en su intento de subrayar que Kerry carece del talante necesario para gobernar y adoptar decisiones difíciles. Como la campaña del propio Bush se propuso desde un principio, sus seguidores han resaltado la idea de un Kerry falto de indoneidad para llevar las riendas del país, un hombre vacilante e irresoluto ante las cuestiones de calado. Por su parte, Kerry mostró serenidad y ecuanimidad, haciendo gala de buena preparación y aplomo al abordar temas muy diversos. Demostró asimismo comprensión de los matices sin ser tedioso ni adoptar un tono profesoral. Tampoco prolongó en exceso sus respuestas e intervenciones. En lugar de responder preguntas con respuestas ya preparadas de antemano, Kerry le tomó la palabra a Bush, tras alguna de sus afirmaciones, para resaltar a continuación por su parte que el presidente ha cometido una serie de "errores colosales" de juicio. Kerry se mostró intelectualmente más ágil que Bush. En ciertos momentos, cuando no profería palabra, los visajes y expresiones faciales de Bush traducían una reacción de enojo e impaciencia frente aKerry, mostrándose incluso desdeñoso ante determinadas respuestas del senador... Kerry demostró ser persona capaz actuar de modo consecuente en el terreno político, y afirmó claramente que no permitirá que ningún otro país u organización controle las decisiones que adopte Estados Unidos para proteger a sus ciudadanos. Bush dio a entender que se hartó del curso que tomaban los acontecimientos antes de la guerra de Iraq y de esperar que las Naciones Unidas aprobaran una nueva resolución sobre Iraq. La intervención de Bush en el debate corroboró la impresión, por otra parte ya existente, de que se siente mucho más cómodo y seguro de sí mismo a la hora de alcanzar resultados que interesado en la manera de adoptar decisiones, sobre todo cuando sabe qué resultados quiere alcanzar antes de que se desarrolle un determinado proceso de acontecimientos. El presidente Bush dio buena muestra de su compromiso incoercible de defender su conocida política de vincular su guerra contra el terrorismo con el requisito -sin aristas ni concesiones- de derribar a Saddam Hussein del poder. Bush adoptó más bien la imagen y presencia de un John Wayne actuando en un western y tratando de tumbar al malo de la película: primero, a Saddam Hussein y, ahora -así pareció esperarlo- también a Kerry. Esta impresión que se tiene de Bush como el tipo duro, el cowboy de Texas, reforzó el mismo punto de vista que da cuenta de la forma en que se le considera -tanto a él como su Administración- en el extranjero. Bush mostró al espectador que es duro de pelar; su proceder y su lenguaje lo tradujeron inequívocamente. El contenido del debate resaltó las diferencias entre los dos candidatos a propósito de la guerra de Iraq. Bush se mantuvo firme, sin variar un ápice su criterio, al reiterar que atacar a Saddam fue la decisión correcta y necesaria tras los ataques contra Estados Unidos del 11-S. El lema de Bush fue repitiéndose en el transcurso del debate: "Iraq es una cuestión esencial en la guerra contra el terrorismo". Bush defendió el vínculo Iraq-guerra contra el terrorismo. Por otra parte, Kerry subrayó su intención categórica de derrotar a los terroristas allí donde estén, pero añadió que la guerra de Iraq equivalió a desviarse del camino, abandonando la recta senda para perseguir y dar caza a los terroristas. Kerry hizo patente que Bush no agotó todas las posibilidades, ya fuera colaborando con los aliados o presionando en mayor medida a Iraq a través de las Naciones Unidas. Kerry criticó ásperamente a Bush por carecer de un plan para articular la fase posbélica. Bush defendió su política en Iraq resaltando que un Iraq libre y un Afganistán libre darían a entender a todo Oriente Medio que la libertad y el ejercicio de los derechos humanos pueden funcionar. Según Bush, las próximas elecciones en Afganistán e Iraq demuestran que la democracia y la vía de las reformas se hallan en marcha. Surgieron asimismo notables discrepancias en la cuestión de la obtención de armamento nuclear por parte de Corea del Norte. Bush pretende alcanzar un consenso internacional que incluya a China para convencer a los norcoreanos de que suspendan su programa nuclear; Kerry se mostró partidario de un enfoque más directo, negociar con los norcoreanos. Con relación a Irán, Kerry atacó a Bush por haber desatendido el problema del programa nuclear en aquel país, dedicándose en cambio a Iraq. Kerry elogió el consenso europeo a la hora de abordar el problema iraní. En ningún momento del debate dio Bush señal de reconocer el distanciamiento de Estados Unidos respecto de sus tradicionales aliados, ni el más mínimo deseo de darles satisfacción. Kerry -en agudo contraste- repitió una y otra vez que es menester colaborar con los aliados, rehabilitar nuestra reputación en el mundo así como la credibilidad de la presidencia estadounidense, que a su juicio ha echado a perder la Administración Bush. En ningún momento del debate criticó Kerry a la Administración Bush por no prestar atención a los avisos de los servicios de inteligencia sobre un posible ataque de Al Qaeda. Cuando el moderador le preguntó a Kerry si aprobaba la aplicación de la doctrina de la acción preventiva -atacar al adversario antes de ser atacado-, aspecto esencial en la política exterior de la Administración Bush, Kerry no aprovechó para apuntar que la Administración Bush no adoptó esta política hasta después del 11-S. Kerry no criticó a la Administración Bush por no hallarse preparada con anterioridad al 11-S y hacer caso omiso de las advertencias. En este sentido, Bush se escabulló del debate sin tener que defenderse de los errores y fallos que cometió su Administración antes de que Estados Unidos fuera atacado. En la dirección de la política exterior, ni una Administración Kerry ni una Administración Bush podrán eludir enfrentarse a los mismos problemas. El debate reveló que el pueblo norteamericano habrá de decidir quién es más apto para afrontar -aunque no necesariamente solucionar- ese menú que aguarda repleto de arduos problemas. KENNETH W. STEIN, profesor de Historia de Oriente Medio y de Ciencia Política de la Universidad de Emory, Atlanta (Estados Unidos) Traducción: José María Puig de la Bellacasa |