LA VANGUARDIA

5 September 2002

OPINIÓN

"Europa: discrepancias"

By Kenneth W. Stein

Un año después de los ataques terroristas contra el World Trade Center y el Pentágono, la Administración Bush ha aprendido varias lecciones provisionales: las cuestiones no previstas en el terreno de la política exterior diluyen en la práctica las prioridades de la política interior, y los países europeos miembros de la coalición formada para luchar contra el terrorismo no extenderán este compromiso a la tarea de derrocar el régimen iraquí de Saddam Hussein. Cuando se constituyen coaliciones internacionales para una finalidad concreta, no pueden mantenerse si los intereses nacionales son divergentes. Como en tantas ocasiones en el pasado cuando se abordan asuntos relativos a Oriente Medio y sus regímenes, Europa y Estados Unidos siguen discrepando. La incapacidad de Washington para reunir una amplia coalición contra Iraq no significa necesariamente que Estados Unidos se eche atrás en su intento de derribar el régimen iraquí y su inicua relación con las armas de destrucción masiva.

(Cómo cambian las cosas en tan sólo un año de diferencia! La portada de "The Economist", con su estilo característico de humor irónico, mostró antes de la cumbre de Göteborg en junio del 2001 una imagen del astronauta norteamericano Neil Armstrong en la Luna. El titular en cabecera de la portada decía: "Mr. Bush viaja a Europa".

Durante la campaña de las elecciones presidenciales americanas del 2000, George W. Bush pronunció un discurso sobre política internacional. Sus debates con el candidato demócrata Al Gore tradujeron los sólidos sentimientos del pueblo americano: poner orden en los asuntos domésticos. Los puntos de vista versaron sobre la educación y la asistencia sanitaria, el medio ambiente, las iniciativas apoyadas en la fe, las fuentes y la producción de energía, los ombramientos para el Tribunal Supremo y una serie de estímulos económicos mediante la desgravación fiscal.

En raras ocasiones, a lo largo de la campaña electoral, pusieron su atención los medios de comunicación norteamericanos sobre el futuro de la unión monetaria europea, la eliminación de las armas de destrucción masiva, la resolución del callejón sin salida palestino-israelí, la actuación para contener a Iraq o a Irán, la solución del desastre económico de Argentina o el debate sobre si en el futuro debería importarse más petróleo de Rusia en lugar de Arabia Saudí.

Los norteamericanos, situándose mentalmente diez años atrás, en el momento de la caída del muro de Berlín, eligieron a su por segunda vez antiguo gobernador del estado para que atendiera al cuidado de sus problemas internos. Bush, como su predecesor Bill Clinton, se ha visto obligado a prestar atención a los asuntos propios de la política exterior. Otros presidentes de Estados Unidos que fueron gobernadores de estado antes de ocupar la Casa Blanca -Franklin Delano Roosevelt, Jimmy Carter y Ronald Reagan- se vieron igualmente arrastrados, inopinadamente o de mala gana, a las cuestiones internacionales. El gobierno de los asuntos de un estado no prepara adecuadamente a los futuros presidentes para los matices que implican las cuestiones internacionales; el aprendizaje del oficio significa asimismo una mayor actitud favorable para seguir -más que para dirigir- la realidad de la opinión pública.

En el momento en que Clinton se había ofrecido para la tarea de resolver las diferencias árabo-israelíes -y dejó el cargo sin terminarla- de repente y sin previo aviso el ataque de Al Qaeda contra Estados Unidos volvió a situar la atención -y hasta la fecha ha configurado- la presidencia de Bush. Los diarios comunicados de prensa del Pentágono dominan todas las noticias que ofrecen los canales de televisión; cada cadena tiene su equipo de analistas en temas militares y políticos dedicados preferentemente a comentar las cuestiones relativas a Oriente Medio, la política exterior, los temas militares, etcétera. La eliminación del régimen talibán, la restitución de Afganistán a una situación que se asemeje al orden, los debates extraordinarios sobre si atacar o no a Iraq y sobre la forma de continuar la "guerra" contra el terrorismo se enseñorean de las tertulias radiofó- nicas.

Más que una Casa Blanca dotada de iniciativa en asuntos tales como el crecimiento económico o las ayudas para la adquisición de fármacos, la Administración invierte sus energías en poner en su sitio una economía afectada en parte por los estragos derivados de las secuelas del 11 de septiembre.

(Cómo cambian las cosas en tan sólo un año de diferencia! Quién hubiera imaginado entonces que la Administración Bush sería favorable a un abierto cambio en la composición de la cúpula dirigente en Palestina e Iraq, a la adopción de una posición enérgica en favor de un cambio en el estamento dirigente conservador en Irán, al franco cuestionamiento del crédito que merece Arabia Saudí como país amigo y aliado de Estados Unidos. )Quién hubiera sospechado que funcionarios de la Administración republicana, que trabajaron en la administración dirigida por Bush padre, cuestionarían un día la importancia de atacar Iraq? )Quién hubiera dado por sentado que se producirían amplias diferencias de óptica política en el seno de la Administración acerca de la forma de librar a Iraq de su líder? Bush, empujado a la escena internacional, está aprendiendo que las coaliciones duran poco en el mostrador, sobre todo tratándose de los aliados europeos tradicionales que discrepan de Estados Unidos sobre las prioridades con relación a Oriente Medio. Europa, al adoptar el compromiso de expulsar a Saddam Hussein de Kuwait en 1991 y de eliminar el régimen talibán y las redes de Al Qaeda adoptó, de modo similar a Estados Unidos, una línea que obedecía a intereses pragmáticos: crear un statu quo político estable, proteger los intereses comerciales y asegurar el acceso a los hidrocarburos, cuestiones aún de incumbencia. unque Estados Unidos consuma más petróleo de producción diaria que cualquier otro país del mundo (un tercio), )por qué iba a querer Europa encender un conflicto en Oriente Medio que aguijonearía los costes del petróleo, provocaría inflación o perjudicaría los lazos comerciales actuales y futuros? Los temores a que se produzcan ramificaciones de la inestabilidad política en Oriente Medio son mayores en el caso de Europa, debido a la proximidad geográfica europea, que para una persona que viva en Oregón o en Florida.

En 1990-1991, se instrumentaron metódicamente sanciones internacionales contra Iraq por mediación de las Naciones Unidas. Después de la guerra de 1991, la coalición se desvaneció porque se instauró un proceso tendente a sustituir la guerra por la diplomacia; se celebró la conferencia de paz de Madrid sobre el tema árabo-israelí y la atención de Europa se apartó en parte de Oriente Medio a causa de las guerras balcánicas por la sucesión de Yugoslavia.

Actualmente, Europa y Estados Unidos discrepan ampliamente sobre si quitar de enmedio a Saddam, sobre qué papel debería desempeñar el líder de la OLP, Yasser Arafat, en la configuración del futuro de Palestina, así como sobre hasta qué punto deben apretarse las tuercas a Israel para que haga concesiones a los palestinos. Si la carta del ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca al presidente Bush en el mes de julio del 2002 puede ser orientativa, la Unión Europea quiere también que Estados Unidos tenga un papel más activo en las negociaciones árabo-israelíes, un papel mucho mayor del que el presidente Bush está dispuesto a considerar.

Armonizan escasamente las postu-ras entre nuestros aliados europeos y Rusia por un lado y Estados Unidos por otro acerca de la forma de responder las cuatro preguntas relativas a la continuación de nuestra guerra contra el terrorismo yendo o no a la caza de Saddam Hussein. He aquí las preguntas al respecto.

1. )Existe un imperativo moral o una necesidad estratégica que exija la intervención material en orden a la protección de un interés nacional? )Es absolutamente necesaria la remoción de Saddam Hussein?

2. )Resultan tolerables los costes (de tal opción) en concepto de vidas humanas y dinero?

3. )El compromiso de hecho se referirá a un periodo de tiempo limitado o especificado?

4. )Existe una estrategia viable de salida del área en cuestión y que dejará el marco político local y regional en condiciones de mayor estabilidad que las anteriores a la intervención material?

Europa-Rusia y Estados Unidos discrepan profundamente sobre todas estas cuestiones: el hecho de que no haya conjunción de criterios con los principales aliados significa que Estados Unidos no actuará solo. Y el tribunal de la opinión pública americana debe todavía ser escuchado: las elecciones presidenciales del 2004 podrían muy bien constituir un referéndum sobre la gestión de Bush de las secuelas del 11 de septiembre, de su enfoque sobre el terrorismo y también con relación a Iraq. Los europeos pueden no estar de acuerdo y hallarse irritados con las decisiones políticas de Bush en lo referente a Oriente Medio y a otros lugares pero, un año más tarde, no pueden reprenderle por no prestar atención a los asuntos internacionales.

KENNETH W. STEIN, profesor de Historia de Oriente Medio y de Ciencia Política de la Universidad de Emory (Georgia, Estados Unidos) Traducción: José María Puig de la Bellacasa