OPINIÓN

LA VANGUARDIA

27/06/2002

"Washington: prudente decisión"

KENNETH W. STEIN

ENGLISH TRANSLATION

BUSH HA COBRADO conciencia de que ahora se trata de aplicar una diplomacia de buena gestión, no la diplomacia heroica de los setenta

LA IDEA DE UNA administración con apoyo europeo y árabe puede cuajar a partir de la conferencia sobre Oriente Medio

       El largamente esperado discurso de George W. Bush sobre Oriente Medio ha sido histórico. Nunca antes en la historia americana un presidente de Estados Unidos ha defendido tan calurosamente un plan tan valiente y detallado para solucionar las diferencias árabe-israelíes. Como otras administraciones anteriores, Bush ha adoptado la perspectiva de avanzar paso a paso para solucionar las diferencias. Se ha mostrado a favor de condiciones previas planteadas a los palestinos: "nuevos dirigentes políticos, nuevas instituciones y nuevos acuerdos de seguridad con sus vecinos". Ha sugerido un nuevo concepto, el de un "Estado provisional" como fase de transición hacia una solución del conflicto basada en la existencia de dos estados, con un acuerdo final susceptible de ser alcanzado en un plazo de tres años.

       Para la Administración Bush, la cuestión no residía en si daba su aprobación a un Estado, sino cuándo y bajo qué condiciones ese Estado viable podía tener lugar. Bush no ha permitido que el marco actual -combatientes palestinos matando cruelmente a civiles israelíes- le disuadiera de presentar su plan sobre un acuerdo palestino-israelí, incluyendo una resolución sobre la cuestión de Jerusalén, "la apurada situación y el futuro de los refugiados palestinos, así como una paz final entre Israel y Líbano, e Israel y Siria, una Siria que apoye la paz y combata el terror".

       Se le puede criticar a Bush por no haber establecido detalladamente las fórmulas de Wash-ington para solucionar las difíciles cuestiones de los asentamientos, las fronteras, los refugiados, Jerusalén y las prerrogativas del Estado palestino. Ahora bien, como en el caso de las anteriores administraciones, se da por sentado que no se pueden imponer fórmulas mágicas a las partes. Un importante error cometido por los británicos durante sus tres decenios de mandato en Palestina después de la Primera Guerra Mundial fue que árabes y judíos prefirieron hacerse acreedores de los favores del gobierno de Su Majestad en calidad de "imperio, juez y mediador", en lugar de negociar directamente, comprometiéndose de forma recíproca en el plano político.

       La Administración norteamericana actual ha cobrado conciencia de que ahora se trata de una diplomacia de buena gestión, no de la diplomacia heroica de Sadat, Kissinger, Carter y Begin de los años setenta. Sadat y Begin sabían que podían ceder y de hecho cedían mutuamente, y que asimismo se compensarían mutuamente; palestinos e israelíes no han determinado todavía qué se concederán los unos a los otros. La Administración actual nota que, todavía profundamente incrustada en la opinión pública palestina, persiste una honda ambigüedad, si no una completa oposición, en la cuestión de aceptar a Israel como un Estado judío independiente, aunque la mayoría de la población israelí aprueba la creación de un Estado palestino que no represente una amenaza.

       En un mundo caracterizado por ser el mundo del post-11 de septiembre, en el cual la Administración Bush se ha definido a sí misma como el bastión incondicional frente al terrorismo, se advierte la existencia de un sentimiento abrumador de desprecio y desconfianza respecto de Yasser Arafat. Se le considera un terrorista y un dirigente indigno de confianza alguna. Cuatro días antes de la firma de los acuerdos de Oslo el 13 de septiembre de1993, Arafat escribió al entonces primer ministro israelí, señalando que "la OLP renuncia al empleo del terrorismo y de otros actos de violencia y asumirá la responsabilidad sobre todos los efectivos y personal de la OLP a fin de garantizar el cumplimiento de esta decisión, impedir su violación y castigar a sus infractores". En los días posteriores a la firma de un acuerdo palestino-israelí en octubre de 1998 (cumbre de Wye), Arafat dijo: "Quiero hacer cuanto pueda para que ninguna madre israelí deba preocuparse si su hijo o su hija vuelven tarde a casa" ("The Washington Post", 24/X/1998). Fue el consentimiento dado por Arafat a la importación de armas de Irán a Gaza en enero del año 2002 lo que selló su destino a los ojos de la Administración Bush como una persona no digna de crédito. ¿Por qué, sino, iba a declarar la consejera de seguridad nacional, Condoleezza Rice, al "San Jose Mercury News", en una entrevista, que "la Autoridad Nacional Palestina es corrupta y juega con el terrror... Sobre (esta) base no puede prosperar la cuestión de un Estado palestino"?

       En honor de la Administración Bush, hay que decir que ésta adopta la perspectiva que señala que el movimiento nacional palestino es mucho más importante que Yasser Arafat, un punto de vista notablemente distinto del ofrecido por muchos dirigentes políticos europeos. Y hay que observar que, mientras el discurso de Bush ha hecho un llamamiento en favor de nuevos dirigentes palestinos, en ningún momento se ha referido a Arafat por su nombre. No sólo los israelíes están de acuerdo al respecto, sino que sondeos recientes de opinión indican que dos terceras partes del pueblo palestino no apoyan el liderazgo de Arafat.

       Se requiere tiempo para desarrollar una economía, una estructura politica y una administración palestinas que sean viables. Bush ha dicho a los palestinos que si "abrazan la democracia, luchan contra la corrupción y rechazan enérgicamente el terror", pueden contar con el apoyo americano. El Estado palestino, para sobrevivir, necesitará una economía prácticamente independiente de la de Israel, operaciones comerciales a gran escala con el mun-do exterior y una cantidad aproximada de dos mil millones de dólares en concepto de ayu-da económica anual durante un decenio, para empezar.

       Amjir A Tahiri ("Jedda Arab News" 7/VI/2002) nos ha recordado que "unos tres mil millones de dólares de dinero europeo han desaparecido en las arenas movedizas de la ANP... Una pizca de reformas, aunque fueran cosméticas, permitiría que los burócratas europeos pudieran cubrirse con una hoja de parra para ocultar su vergonzoso fracaso en el proyecto palestino". Decir que Israel destruyó la infraestructura palestina en sus diversas incursiones en Cisjordania y Gaza en el último año equivale a negar por completo la extendida corrupción, el amiguismo multiplicado y el autoengrandecimiento de Arafat, con su camarilla de consejeros a sol y sombra y sus abultados servicios de seguridad. ¿Cómo va a supervisarse la última ronda de negociaciones económicas para que tengan lugar auténticos cambios en la vida del pueblo palestino?

       Bush ha hecho un llamamiento a los palestinos para que celebren nuevas elecciones, incluyendo un parlamento responsable a ojos del pueblo. Como observador de las elecciones palestinas del 20 de enero de 1996, guardo vivo el recuerdo de la gente votando en veinte puntos de votación en la zona de Ramallah, gente profundamente comprometida con los ideales democráticos, pero con el temor de que tales aspiraciones se vieran truncadas por un autocrático Arafat.

       Quizá las elecciones palestinas dentro de un año, o menos, verán a Arafat -si todavía ronda por ahí- elegido nuevamente como presidente, pero esta vez, además, los palestinos crearán el cargo de primer ministro, cargo dotado de poder ejecutivo, de forma parecida a como el primer ministro inglés y la reina se reparten el poder formal y de carácter ceremonial en este último caso, y el verdadero poder en el primero.

       En el conflicto palestino-israelí una solución que incluya dos estados es fundamental. Un Estado palestino que surja bajo algún tipo de administración conjunta entre la Unión Europea, Estados Unidos y la Liga Árabe puede funcionar y durar. La idea de una administración colectiva que cuente con el apoyo europeo y árabe puede concretarse a partir de la propuesta conferencia sobre Oriente Medio anunciada para finales de año. En 1917 los británicos, en la declaración Balfour, propusieron facilitar la creación de "un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina". Los sionistas se estremecieron de emoción; los árabes, en Palestina y en torno a ella, se ofendieron. Fueron necesarios treinta años para que se desarrollara un Estado judío; sesenta años para que el Estado judío fuera reconocido por un país árabe, Egipto. La declaración de Bush hace un llamamiento en favor de un Estado, no de una patria; posee el respaldo internacional, excepto el europeo y el de los países árabes, cuyas divisiones son bien conocidas, y cuenta con el apoyo israelí.

       Hace tiempo que hubiera debido crearse el Estado palestino. Se previó que se desarrollaría a partir de la firma de los acuerdos de Oslo de 1993; no fue así. Puede y debe desarrollarse de modo responsable y diáfano, por la propia dignidad de los palestinos, preservando la integridad territorial de Jordania y la seguridad de Israel, que en su mayoría es un Estado judío.

KENNETH W. STEIN, profesor de Historia de Oriente Medio y de Ciencia Política de la Universidad de Emory, en Atlanta, Georgia. Autor de "La doctrina Bush en Oriente Medio: continuidad política y compromiso selectivo", en "Politique Étrangère", París, enero-marzo 2002

Traducción: José María Puig de la Bellacasa